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"Territorios" pinturas y fotografias
Duilio Pierri, Juan Doffo, Lucio Boschi,
Adrián Paiva, Luciana Colacci


curaduría: Lucas Marín
en el marco de "Vendimia en Boedo"

Sobre la muestra de Duilio Pierri, Juan Doffo, Lucio Boschi,
Luciana Colacci y Adrián Paiva.

La tierra tiene grabada su propia memoria, los bordes de los continentes guardan
la clave, el encastre que alguna vez los mantuvo unidos en la Pangea*.
Nuestro país es como otro puzzle que buscamos reconstruir y comprender.
Voces y colores de diferentes timbres, historias y suelos se abren como decorados
teatrales: cataratas, montañas, sierras, planicie, tierra roja, desierto,
ríos y mar.
Las obras de los artistas aquí reunidos plasman diferentes territorios desde
perspectivas singulares y nos hablan de una misma tierra: presente y memoria
que vuelve a nosotros como mapas que se asientan en nuestra retina.
Duilio Perri nos presenta La batalla de San Carlos, aquella lucha que anticipa
la llamada Conquista del desierto donde el ejército argentino vence al Cacique
Calfucurá, haciendo replegar definitivamente la resistencia de los indígenas y
debilitando a quien supo ser el cacique de mayor fuerza contra la avanzada
civilizadora. Este hecho histórico nos habla de un país que se asienta sobre
grandes matanzas y nos hace interrogar sobre el suelo que pisamos.
Calfucurá significa en mapuche piedra azul (tal el título de la otra obra que
muestra el artista) piedra de poder de la que se dice el cacique sería su doble
corpóreo, su emanación. Una antigua leyenda gira en torno a esta piedra
mística como un secreto de una cultura milenaria.
Duilio se posiciona del lado de la barbarie como una respuesta ideológica y
formal a los exterminios que formaron parte del proceso civilizador en nuestro
país. Toma el camino opuesto de lo que representa el cuadro la vuelta del Malón
de Della Valle. Sus trazos son como lanzas y aquella piedra su estandarte.
En la obra de Juan Doo notamos la persistencia de un territorio: Mechita, su
pueblo natal (en la prov. de Bs. As.). El artista vuelve a él como si fuera un
tablero poético donde librar luchas espirituales y existenciales. En ese espacio
es el fuego el gran personaje, condensando múltiples sentidos en este
elemento: símbolo de transformación y regeneración, espíritu de la luz del sol,
metáfora del deseo erótico. También podemos pensar que el fuego es la
primera tecnología del hombre, un poder que usará para modificar la materia
y encender motores.
Aquí vemos la obra El árbol del olvido, una fronda negra de un árbol gigante
ocupa el centro del cuadro; abajo en el pueblo, siete fuegos le convidan el
color al cielo. Una tierra vivenciada, un árbol mítico y las llamas encendidas.
Triple canto de luz y sombra, una manera de hablar de la tierra como árbol, del
hombre como fuego.
La canción dice: ?? Para no pensar en vos en el árbol del olvido / me acosté
una nochecita / vidalita, y me quedé bien dormido. / Al despertar de aquel
sueño / pensaba en vos otra vez / pues me olvidé de olvidarte / vidalita, en
cuanto me acosté.?

El fuego hace lo suyo con la materia, pero la memoria de lo que se ha amado
en esta tierra es de una substancia diferente y no se borra fácilmente. No
hay árbol que nos haga olvidar, no hay fuego, llevamos la historia en nosotros.
Y como el árbol, crecemos hacia la tierra de lo que fuimos y hacia el
cielo de lo que seremos.
Lucio Bochi nos muestra dos fotografías, una de un rancho en Santiago del
Estero y otra de un rancho en Catamarca. Lucio ha recorrido muchos paisajes
registrando con su mirada antropológica los más variados suelos y culturas
ancestrales de nuestro país. Actualmente reside en Mendoza pero va regularmente
al norte donde ha inaugurado recientemente el Museo de Los Cerros
(de Fotografía) en la Quebrada de Huichaira en Jujuy. Lucio viaja y parece
buscar una unidad espiritual en la multiplicidad de colores y pueblos que
recorre. Aquí vemos el interior y el exterior de dos ranchos, la tierra convertida
en hogar, texturas del amparo.
Adrián Paiva vive en el Tigre y su pintura es un reflejo directo de su entorno.
Matorrales y malezas dan la idea de bosque. Adrián sale a pintar al aire libre
como la antigua práctica de los impresionistas pero a diferencia de ellos intuimos
que él no persigue la luz sino el silencio. Trazos enredados, ramas y follaje
superpuestos van dibujando espacios, intersticios, y en ese orden aleatorio
notamos que reposa un limbo. Dicen que en el Delta existe el mal del sauce, la
mezcla de los verdes, los sonidos, el clima, te van adormeciendo y captando,
y es así como te vas convirtiendo en un isleño. Un encantamiento similar
tienen sus obras, algo nos envuelve en una extraña contemplación, una
suspensión del tiempo, como la que sentíamos de niños frente a la naturaleza.
El diseño azaroso aparentemente caótico de los sauces, lianas, pajonales
y enramadas termina mostrando una belleza sagrada, como la escritura de un
dios que nunca es simétrica. Y en los claros de esos bosquecillos se oye el
rumor del río, como una forma potenciada del silencio.
Luciana Colacci trabaja sobre la idea de horizonte, en sus obras notamos
planos que van reposando unos sobre otros como si fueran capas terrestres.
Percibimos diferentes calidades en esas superficies, cada una con su textura
y su color (rojo, turquesa, plateado, cobre, tierra). Estas particularidades
están reforzadas por la utilización de diferentes materiales como: acrílico,
esmalte sintético, pastel al óleo, barniz y laca y además con metales como
aluminio, plomo, cobre y bronce. Con una mirada mineral Luciana superpone
horizontes, placas de tierra, planos que parecen de cielo, y otros de agua,
todo con la misma jerarquía. Da la sensación que las capas pueden ser intercambiables,
cielo abajo, agua arriba, tierra entremezclada, como si fueran
arenas y distintas materias apiladas en un terrario.
El horizonte (signo identitario de nuestra llanura pampeana) siempre se aleja
cuando caminamos hacia él, pero ¿es que está fuera de nosotros?
Piedras azules, árboles negros, casas de barro, verdes sauces, horizontes
policromáticos, la tierra habla así en su piel y a través de sus artistas.
Finalmente a todos los territorios los une la intemperie. Recuerdo a nuestro
poeta Juan L. Ortiz en estos versos, se refería a la poesía pero se puede trasladar
al arte y a la vida:
No olvidéis que la poesía, / si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva, / es
asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin /cruzada o crucificada, si
queréis, por los llamados sin fin / y tendida humildemente, humildemente, para
el invento del / amor...

Lucas Marín
Abril 2012


*Pangea fue el supercontinente dado por la unión de algunos continentes actuales que se cree que

existió durante las eras Paleozoica y Mesozoica, antes de que los continentes que lo componían
fuesen separados por el movimiento de las placas tectónicas y conformaran su configuración actual.

Duilio Pierri                        Juan Doffo                           Lucio Boschi
 

Adrián Paiva                      Luciana Colacci
 

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